Miré a mi amiga indicando que ya estaba lista. Tomó una de las cuerdas y comenzó a hacerme girar despacio sobre mi propio eje. Yo me limité a sonreír, porque esperaba con ánsias el momento en que me soltara, sólo faltaban unos segundos. Las cuerdas cada vez resistían más la fuerza que ella les imponía, ahora corriendo. Sentía las vibraciones y escuchaba los crujidos que hacían al no poder doblarse más sobre sí mismas. Miré la mano de mi amiga soltar la suerda y alejarse de mi lado. Cerré los ojos. Ese fue el mmento cero, el instante pre-acción, la emoción contenida a punto de desbordar. Rápido, muy rápido. Ese momento en el que girás y no hay nada más que la hamaca y dos cuerdas de las que vos elegís sostenerte, ¿alguna vez se sintieron así de libres? ¿así de plenos? pareciera casi que estuvieras volando.


